Este pasado mes de noviembre, Antoine d’Agata fotografió a la organización Nihon Hidankyo, que ha recibido el Premio Nobel de la Paz 2024. Se trata de una organización formada por supervivientes de los ataques nucleares estadounidenses de 1945 sobre Hiroshima y Nagasaki. Esta serie se expone ahora en el Centro Nobel de la Paz de Oslo.
La exposición retoma ahora este conjunto de obras con dos secuencias que discurren de un lado a otro de la sala. Borrosa, oscura y frenética, la secuencia sumerge al espectador en el caos, psicológico y físico al mismo tiempo.
Las imágenes muestran los ominosos restos de las ciudades bombardeadas, figuras infrarrojas y primeros planos visualmente abstractos. «Se convirtió en una elección natural [para el encargo] porque, en su práctica, es muy hábil para visualizar el trauma y el lado más oscuro de la humanidad», explica la comisaria Asle Olsen al presentar la obra de D’Agata.
En la segunda serie, D’Agata fotografía a Nihon Hidankyo, erguidos y desafiantes, con la mirada fija en su objetivo. «Con su peculiar forma de fotografiar, consigue captar exactamente lo que pretendemos», explica Olsen. «El primero es mostrar respeto por Nihon Hidankyo y sus miembros. El segundo es revelar la oscuridad y la determinación en sus rostros, mostrando que su mensaje es importante de comunicar.»
Sobre el fotógrafo
Antoine d’Agata es un fotógrafo francés conocido por su obra visceral, cruda y profundamente introspectiva, que explora los límites de la experiencia humana. Miembro de la agencia Magnum, su trabajo se centra en temas como el deseo, la adicción, la marginalidad y la violencia interior, siempre desde una perspectiva autobiográfica. D’Agata no se sitúa como un observador distante: involucra su propio cuerpo y vida en los entornos que fotografía, generando imágenes cargadas de intensidad emocional y física.
Sus fotografías, a menudo tomadas en condiciones extremas de oscuridad, movimiento y caos, muestran un lenguaje visual fragmentado y casi alucinatorio. Más que documentar, D’Agata busca producir sensaciones, romper con la idea de una fotografía “objetiva” y confrontar al espectador con realidades incómodas. Su obra, polémica para algunos y profundamente influyente para otros, abre un espacio para reflexionar sobre la representación de lo íntimo, lo prohibido y lo humano en su estado más vulnerable.